Cuentos infantiles tradicionales para los más pequeños de la casa

¿Buscas cuentos infantiles tradicionales? No dejes pasar la ocasión de educar a los pequeños los cuentos de siempre. Ahora, dejo una pequeña lista y el cuento de los 3 cerdos tan conocido. ¿Cuál es tu preferido?

Cuentos infantiles tradicionales

Fuente: videohive
  • Hansel y Gretel
  • El pato feo
  • Blancanieves y los 7 enanitos
  • El soldadito de plomo
  • La Hermosa y la Bestia
  • La Hermosa yacente
  • Peter Pan

Cuentos infantiles clásicos: Los 3 cerdos (adaptación)

cuentos infantiles tradicionales
Fuente: behance

El cuento de «Los 3 cerditos», asimismo llamado «Los 3 puercos» o bien el cuento de «Los 3 cochinitos» es uno de los cuentos infantiles más populares en el mundo entero. Echa una ojeada para leer esta adaptación del renombrado cuento popular.

Había una vez…

3 cerdos que vivían al aire libre cerca del bosque. Frecuentemente se sentían inquietos por el hecho de que por allá acostumbraba a pasar un lobo desalmado y peligroso que conminaba con comérselos.

Un día se pusieron conforme en que lo más prudente era que cada uno de ellos edificara una casa para estar más protegidos.

El cerdo más pequeño, que era muy haragán, decidió que su casa sería de paja. A lo largo de unas horas se dedicó a amontonar cañas secas y en un periquete, edificó su nuevo hogar. Satisfecho, se fue a jugar.

– ¡Ya no le temo al lobo fiero! – le afirmó a sus hermanos.

El cerdo mediano era un tanto más decidido que el pequeño mas tampoco tenía muchas ganas de trabajar. Creyó que una casa de madera sería suficiente para estar seguro, con lo que se internó en el bosque y conllevó todos y cada uno de los leños que pudo para edificar las paredes y el techo. En dos días la había terminado y contentísimo, se fue a conversar con otros animales.

– ¡Qué bien! Yo tampoco le temo ya al lobo fiero – comentó a todos aquellos con los que se iba encontrando.

El mayor de los hermanos, en cambio, era prudente y tenía buenísimas ideas. Deseaba hacer una casa agradable mas sobre todo indestructible; conque fue a la urbe, adquirió ladrillos y cemento, y empezó a edificar su nueva residencia. Cada día, el cerdo se afanó en hacer la mejor casa posible.

Sus hermanos no comprendían para qué exactamente se tomaba tantas molestias.

– ¡Mira a nuestro hermano! – le afirmaba el cerdo pequeño al mediano – Se pasa el día trabajando en lugar de venir a jugar con nosotros.

– Puesto que sí ¡vaya tontería! No sé para qué exactamente trabaja tanto pudiendo hacerla en un periquete… Nuestras casas han quedado sensacional y son tan válidas como la suya.

El cerdo mayor, les escuchó.

– Bueno, cuando venga el lobo vamos a ver quién ha sido el más responsable y listo de los 3 – les afirmó como advertencia.

Tardó múltiples semanas  y le resultó un trabajo agotador, mas indudablemente el ahínco mereció la pena. Cuando la casa de ladrillo estuvo terminada, el mayor de los hermanos se sintió orgulloso y se sentó a contemplarla mientras que  tomaba una refrescante limonada.

– ¡Qué bien ha quedado mi casa! Ni un huracán va a poder con ella.

Cada  cerdo se fue a vivir a su hogar. Todo parecía apacible hasta el momento en que una mañana, el más pequeño que jugaba en un charco de barro,  vio aparecer entre los arbustos al temible lobo. El pobre cerdo comenzó a correr y se refugió en su recién estrenada casa de paja. Cerró la puerta y respiró aliviado. Mas desde dentro oyó que el lobo gritaba:

– ¡Voy a soplar y voy a soplar y la casa derruiré!

Y tal y como lo afirmó, empezó a soplar y la casa de paja se derrumbó. El cerdo, horrorizada, salió corriendo cara casa de su hermano mediano y  los dos se refugiaron allá. Mas el lobo apareció tras unos segundos y gritó:

– ¡Voy a soplar y voy a soplar y la casa derruiré!

Sopló tan fuerte que la estructura de madera comenzó a moverse y al final todos y cada uno de los leños que formaban la casa se cayeron y empezaron a rodar ladera abajo. Los hermanos, agobiados, escaparon a alta velocidad y llamaron a la puerta de su hermano mayor, quien les abrió y les hizo pasar, cerrando la puerta con llave.

– Apacibles, chicos, acá vais a estar bien. El lobo no va a poder destruír mi casa.

El temible lobo llegó y por mucho que sopló, no pudo desplazar ni un ladrillo de las paredes ¡Era una casa muy resistente! Incluso de esta forma, no se dio por vencido y procuró un hueco por el que poder entrar.

En la parte posterior de la casa había un árbol centenario. El lobo subió por él y de un salto, se plantó en el tejado y de ahí saltó hasta la chimenea. Se deslizó por ella para entrar en la casa mas cayó sobre una gran olla de caldo que se estaba calentado al fuego. La quemadura fue tan grande que pegó un alarido desgarrador y salió disparado nuevamente al tejado. Con el trasero enrojecido, escapó para jamás más regresar.

– ¿Veis lo que ha sucedido? – riñó el cerdo mayor a sus hermanos – ¡Os habéis salvado por los pelos de caer en las garras del lobo! Eso os pasa por vagos y también inconscientes. Hay que meditar las cosas ya antes de hacerlas. Primero está la obligación y después el entretenimiento. Espero que hayáis aprendido la lección.

¡Y desde entonces que lo hicieron! Desde ese día se volvieron más responsables, edificaron una casa de ladrillo y cemento como la de su sabio hermano mayor y vivieron felices y apacibles por siempre.

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Fuente: deeprootsathome

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Ricitos de Oro, de Meritxell Martí Orriols: La historia cuenta el encuentro entre 3 osos antropomórficos y una pequeña llamada Ricitos de Oro por su cabellera rubia. Una familia de osos compuesta por un papá, una mamá y de su hijo pequeño vive en una pequeña casa en un bosque. Mas seguro que no conocéis a una Ricitos de Oro tan entretenida como la que nos plantean los autores de esta nueva visión del cuento tradicional. Una visión moderna y sintética

¿Qué te semejan estos cuentos infantiles tradicionales? ¿Buscas películas para aprender inglés? ¿Deseas libros para aprender inglés? ¿Buscas aplicación para estudiar geografía?


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