cinco lecciones de inversión que nos ha enseñado la pandemia

Cuento con más de treinta años de experiencia en el ámbito de la inversión, y los últimos dieciséis meses de mi trayectoria profesional han sido intensamente dolorosos y también impresionantemente instructivos. En torno al veintitres de marzo de dos mil veinte, los índices Estándar & Poor’s Composite y MSCI All Country World llegaron a mínimos que establecieron de esta forma el mercado bajista más veloz de la historia mientras que la pandemia de COVID-diecinueve se extendía por todo el planeta. id:setenta y cuatro mil doscientos treinta y dos

En marcado contraste con dicha caída, los mercados de renta variable alcanzaron la semana pasada nuevos máximos históricos, con lo que hemos conseguido cerrar el círculo desde las profundidades a las que caímos en dos mil veinte hasta las alturas alcanzadas en dos mil veintiuno. Estos sucesos me han llevado a meditar que este puede ser un buen instante para compartir ciertos aprendizajes que he conseguido extraer de este periodo histórico tan infrecuente.

Comenzaré hablando de lo que pensaba a inicios del año dos mil veinte. A fines de dos mil diecinueve, esperaba que los mercados estaban bien posicionados para un periodo de sólidos resultados. La inflación y las clases de interés estaban en niveles reducidos, y daba la sensación de que de este modo iban a continuar. Los bancos se mostraban tendentes a la concesión de préstamos y las compañías parecían prestas a regresar a invertir en capacidad productiva, en contraposición a las recompras de acciones y las adquisiciones de incierta utilidad de tiempos pasados.

Mi posicionamiento a inicios de dos mil veinte era un leal reflejo de mis convicciones, con poco nivel de liquidez y un fuerte componente cíclico en mis primordiales situaciones. En menos de 3 meses, la economía mundial quedó prácticamente paralizada y el temor se apoderó de los mercados, con lo que mi posicionamiento procíclico parecía, como poco, conflictivo. Mas el contexto es esencial. Y, para comprenderlo, resulta útil comprender mi estilo de inversión.

Mis amigos y compañeros acostumbran a decir: «Steve es el habitual que va corriendo a meterse en edificios en llamas». Igual es un tanto excesivo, mas es verdad que me agradar invertir contracorriente. Siempre y en toda circunstancia he pensado que el mercado oscila entre el entusiasmo excesivo y el fatalismo extremo. Un inversor con un grado razonable de objetividad puede conseguir buenos resultados vendiendo en el primer caso y comprando en el segundo.

Este enfoque me ha funcionado realmente bien en los últimos treinta años. Mas es verdad que asimismo acostumbra a causar algunos inconvenientes, y tiende a ofrecer mejores resultados en las primeras etapas de los mercados alcistas, cuando el fatalismo da paso al optimismo. Warren Buffett lo definió mejor: «Hay que ser miedoso cuando el resto son codiciosos y codicioso cuando el resto son temerosos».

De este modo soy , resumiendo. Ahora, cuento las 5 lecciones que he aprendido o bien reaprendido con la pandemia y que estoy aplicando a mis carteras de inversión:

  1. Las crisis de mercado son ineludibles

La caída del mercado bursátil que provocó la pandemia me hizo meditar en las crisis de mercado de las que he sido testigo durante mi trayectoria profesional. Conté veintiuno, entre ellas el colapso de la Unión Soviética, el estallido de la burbuja tecnológica, la crisis financiera mundial y, ahora, el COVID-diecinueve.

Me refiero a todas y cada una solo para poner de manifiesto el hecho de que las alteraciones del mercado son una realidad para los inversores. Conforme mi lista, tenemos que encararnos a alguna de estas circunstancias cada dieciocho meses, más o menos.

Absolutamente nadie podía haber previsto la pandemia mas, en retrospectiva, habría sido lógico estimar la posibilidad de que ocurriese algo que viniese a interrumpir la increíble tendencia alcista de los últimos diez años. Si nos lo hubiésemos planteado en términos históricos, asimismo habría sido lógico meditar que lograríamos superar la crisis y reaparecer con más fuerza. En verdad, lo hemos hecho.

  1. La interpretación de la historia no es una ciencia precisa

Esta lista de sucesos, parcialmente corta, ofrece asimismo otras lecciones esenciales. Por servirnos de un ejemplo, nos enseña que la historia no tiene por qué razón repetirse precisamente en los términos que uno espera. Es simple establecer falsos paralelismos, que fue precisamente lo que hice en los primeros meses de la crisis del COVID.

Por poner un ejemplo, vivía en la ciudad de Hong Kong a lo largo de la epidemia de SARS (síndrome respiratorio agudo grave) de dos mil tres, lo que me llevó a efectuar velozmente comparaciones exageradamente simplistas entre el SARS y el COVID. Si bien la epidemia de SARS fue espantosa, en términos relativos fue una situación mucho menos esencial. Fue un fallo fundamentarnos en la experiencia del SARS para extraer conclusiones con relación a el COVID pues, al hacerlo, no preparamos a los inversores para el alcance y la duración de esta pandemia.

Agregaré que asimismo me sorprendió la velocidad y contundencia de la contestación gubernativo a la crisis del COVID, en concepto de política fiscal y monetaria. Dicha contestación contribuyó a disminuir al mínimo una parte del daño que padeció mi posicionamiento procíclico en los primeros meses de dos mil veinte.

  1. ¿Desarrollo o bien valor? Los dos, en el instante conveniente.

Si bien reconozco que me genera cierta incomodidad la excesiva imprecisión y vaguedad de las etiquetas «crecimiento» y «valor», las emplearé acá pese a su falta de matices. Lo es cierto que mi reducida selección de compañías orientadas al desarrollo me salvó el pellejo en los peores días de dos mil veinte. Estas situaciones incluían ciertas empresas tecnológicas, singularmente en el ámbito de los semiconductores, como ciertas compañías de comercio on line y también internet orientadas al consumidor.

Pese a mi preferencia por las compañías de valor, prosigo confiando en la enorme capacidad de resistencia del ámbito tecnológico. El instante de entrada en el mercado es esencial. Muchas de mis inversiones relacionadas con la tecnología son situaciones en un largo plazo que incorporé a mi cartera antes que el mercado reconociese su potencial. Me agrada invertir en una compañía cuando los costos son bajos y no cuenta con el favor de los inversores, mas asimismo me agrada sostener la inversión a lo largo del tiempo preciso para que el mercado refleje el auténtico valor de la compañía en cuestión. De este modo, ciertas de mis situaciones actuales no semejan contrarias a la tendencia, mas seguramente lo fueron en su instante.

Conforme estas compañías iban repuntando a lo largo de la pandemia, recorté gradualmente ciertas de mis situaciones para invertir en áreas menos favorecidas por los inversores, como la energía, las finanzas y los viajes.

  1. Los dividendos desempeñan una función esencial

Y hablando de áreas poco favorecidas por los inversores: llevo un buen tiempo prestando singular interés a los dividendos como el primordial mecanismo que emplea una compañía para trasferir valor a sus inversores. Siempre y en toda circunstancia he pensado que los dividendos seguirán marchando como un factor estabilizador en periodos de inestabilidad de los mercados.

Desgraciadamente, esta última característica se ha desgastado en los últimos diez años y pareció haber desaparecido por completo en ciertos instantes de dos mil veinte. Mas no estoy presto a decir que el desempeño sea inútil. Las condiciones monetarias actuales, sin precedentes históricos, y la devoción del mercado por las compañías que convierten la sociedad y medran con velocidad, han hecho que hayamos dado de lado a muchas de las reglas históricas.

No obstante, no creo que el valor de los dividendos como mecanismo de transmisión de valor que vincula a las compañías y a los inversores haya terminado. A mi modo de ver, es el día de hoy más esencial que jamás. Y, en verdad, prosigo invirtiendo en compañías con un enorme volumen de dividendos, como en empresas con dividendos en desarrollo.

Resumiendo: me encantaban los dividendos ya antes de la pandemia y me prosiguen encantando ahora.

  1. El doctor Cobre ofrece un diagnóstico atinado

Mis perspectivas, tan desatinadas como en el primer trimestre de dos mil veinte, no han alterado mucho.

Ahora que el mercado ha cerrado el círculo, me percato de que mi sensación es muy similar a la que tenía a fines de 2019: el nivel de liquidez de mis carteras de inversión prosigue siendo muy reducido y creo que en un año los mercados globales habrán subido. Mis carteras prosiguen teniendo un corte procíclico, lo que me lleva a favorecer aquellas compañías que, a mi modo de ver, van a verse favorecidas por la reaceleración del desarrollo de la economía mundial.

Es posible que me confunda, claro, mas me anima el diagnóstico del doctor Cobre. Es de más conocido que el cobre es una materia prima con un doctorado en Economía, dada su gran capacidad para asistir a pronosticar la evolución de la economía mundial. Los costes del cobre registraron su nivel mínimo a fines de marzo. Ahora nos afirman que la economía está repuntando de manera fuerte y que lo más probable es que prosiga haciéndolo. Asimismo posiblemente el cobre nos esté informando sobre un incremento de las presiones inflacionistas, mas de momento no creo que la inflación, o bien la subida de los modelos de interés, sean una amenaza para los mercados de renta variable global.

Asimismo encuentro ocasiones más atractivas fuera de E.U.. En específico, y desde una perspectiva de valoración, los mercados emergentes resultan ahora considerablemente más atractivos que E.U., y mis carteras reflejan esta opinión.

Resumiendo, tenemos de nuevo todos y cada uno de los elementos que tanta confianza me ofrecían y sobre los que tan equivocado estaba a fines de dos mil diecinueve y principios de dos mil veinte. Ciertos podrían meditar que me cuesta aprender mis lecciones. Mas les respondería que a lo mejor el año de la pandemia ha sido una anomalía. Y que es posible que ahora podamos regresar a vivir con unos estilos de inversión que responden al comportamiento histórico de los mercados y tener la expectativa de que volveremos a las reglas históricas.

Me atrevería a decir que aun posiblemente el desarrollo esté listo para regresar a pasarle el testigo al valor y que los mercados no estadounidenses podrían superar a U.S.A. en el futuro próximo.

Ya vamos a ver.

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