Admitir la realidad, aceptación… palabras esenciales

Hay una palabra que me agrada mucho: admitir. Bueno, dos: admitir y aceptación.

No ha sido simple llegar a esa conclusión, mas al final he llegado.

Yo pensaba empezar este artículo diciendo: “si te fijas a tu alrededor, aun si te fijas en ti mismo…”…., mas he mudado de opinión.

He decidido dejar el ambiente para iniciar por mí, que es lo que jamás acostumbramos a hacer. Siempre y en todo momento miramos alrededor y arreglándole la vida al mundo entero sin fijarnos en la nuestra.

Conque te cuento.

Y te cuento una cosilla muy estúpida, mas que da cumplida idea de lo que hablamos.

Como he dicho en otras ocasiones, tengo la enorme suerte de vivir en una casa bella rodeada de macizos de flores, frutales, huertos de hortalizas, cielos azules, cantar de pájaros, groar de ranas y cosas por el estilo. Una maravilla, un lujo, créeme.

Puesto que bien, uno de los árboles que vive con nosotros es un granado. Por si acaso eres muy urbanita te afirmaré que un granado da granadas 😃.

De año en año, cuando llega la floración, acostumbran a aparecer bandadas de bichitos minúsculos que acá llamamos “pulgones” y que ocasionan estropicios notables en flores y hojas. La consecuencia es que la producción de granadas se ve bastante mermada, pues claro, si no hay flor no hay fruto, y si podía haber treinta, por poner un ejemplo, puesto que hay quince. Algo de esta manera, aproximadamente.

Y claro, cada año, a lamentarnos. Que si los malditos pulgones, que si ya se comen las flores, que mira cuántos hay, que voy a echarles algún antídoto ecológico, que no pierdas el tiempo que lo hemos hecho otras veces y no vale de nada, etcétera etcétera Todos tenemos conversaciones de ese tipo aproximadamente en nuestras casas… 😃

Conclusión: nos quejamos de los pulgones sin admitir esa realidad, claro, cosa comprensible: te dejan sin fruta, tampoco te marchas poner a hacer palmas…

Mas este año, oh, milagro, no sabemos porqué, mas no aparecieron los pulgones.

Por vez primera en la vida.

Y esta vez, claro, sí hemos hecho palmas…

Cariño, no hay pulgones…

¡Es cierto, no hay pulgones…!

Y el árbol ha echado sus flores, y las flores se han transformado en frutas, y el árbol estaba super cargado, y las frutas proseguían creciendo…

Hasta el momento en que ocurrió algo.

De tanta fruta y tanto peso el árbol se resquebrajó por la mitad del leño, cayó parte de él al suelo y al final nos quedaremos con medio árbol, o bien con un árbol lastimado…

No admitíamos la realidad de los pulgones, pensando que era mala, al final llegó otra realidad, que pensábamos que era buena, mas al final te das cuenta que las cosas no son ni buenas ni malas, que las cosas sencillamente son y que hay que admitir.

Los pulgones tal vez no tengan por objetivo hacerte la vida imposible, sencillamente viven conforme a lo que son y también, de manera inconsciente, contribuyen al equilibrio del árbol. ¿Qué es lo bueno, qué es lo malo? ¿Es mejor tener la mitad de frutas en un árbol entero o bien todas y cada una de las frutas en un medio árbol? No se puede juzgar ni calificar, solo se pueden admitir las cosas como son. La vida es de esta forma.

Pues admitir es vivir y saber vivir

No estamos habituados a admitir sin más ni más.

Jamás nos semeja bien lo que somos y lo que tenemos delante, siempre y en todo momento queremos mudar una realidad por otra, siempre y en toda circunstancia queremos superarnos, medrar, mejorar… Que te puede parecer muy loable, no afirmo que no, por el hecho de que si no serías un vegetal (cosa que tampoco es que sea en especial mala, por determinado), mas que si te fijas oculta otra realidad.

Una dura realidad. Una realidad para mi triste y lamentable.

Siempre y en toda circunstancia quieres salirte de ti, siempre y en toda circunstancia quieres irte de donde estás, siempre y en todo momento estás huyendo del instante presente, jamás estás centrado en lo que eres y en lo que hay acá y ahora… Y su corolario final: siempre y en toda circunstancia te pierdes la vida.

Por el hecho de que siempre y en todo momento deseas llegar a más.

Siempre y en toda circunstancia deseas llegar a otro lado.

Jamás estás conforme con lo que tienes.

Jamás puedes probar la paz y la serenidad del instante, pues siempre y en todo momento debes estar medrando, y al final de tanto medrar te morirás y no haberás vivido.

Y de eso tiene mucha responsabilidad tanto entrenamiento, tanto desarrollo personal, tanto llega alén de ti y tanto debes lograr lo más alto.

Yo una vez me monté en la montaña rusa de un parque de atracciones PARA NIÑOS y prácticamente me da algo. Conque imagínate lo alto que deseo llegar…

Me conformo con ver medrar el granado…

Y con oír a las ranas groar en las noches de verano, con las ventanas abiertas y tumbado en la cama…

Por el hecho de que entonces sí que soy Dios, y paradójicamente, sin haberlo buscado, estoy en lo más alto.

Admitir las cosas es honrar la vida…

El humano tiene un inconveniente, mas es una cosa que va en el cargo de humano.

Nacemos y olvidamos. No recordamos lo que somos, ni de dónde venimos, ni lo que hemos hecho ya antes, ni, lo más esencial, lo que hemos venido a hacer acá.

Entonces nos creemos y nos identificamos sencillamente con lo que vemos, con lo que ven nuestros sentidos físicos. En mi caso específico, y a lo largo de bastante tiempo, siempre y en toda circunstancia me pensé que era Agustín Grau, que estudié derecho en la universidad, que un día deseaba ser escritor…

Mas el humano es más de lo que ve, es más que su pequeña personalidad y su pequeño ego.

Es una entidad superior que viene a este planeta con un objetivo y una labor a nivel de ánima.

Desde ese punto de vista, las cosas que vive y en las que vive lo son por algo. Todos pasamos con lo que pasamos por algo. Y si bien te parezca imposible de comprender, hay gente que escoge venir a este planeta a padecer, a pasarlo mal o bien a destinar su vida a hacer el imbécil. Por el hecho de que de ahí debe aprender. Debe pasar por ahí para aprender. Esa es la labor que viene a efectuar su ánima.

Me estoy enrollando mucho y da la impresión de que en nada voy a comenzar a decir: siéntate con las piernas cruzadas, céntrate en tu respiración… 😃.

A lo que voy. Si bien desde nuestro pequeño no lo sepamos, todo es por algo y admitirlo es honrarlo. Admitir la vida es honrar la vida.

Y honrar la vida es admitir que hay un plan superior en el que has participado y que ha preparado las cosas de una determinada forma por algo, por un fin superior.

Y lo que eres ahora (alto, bajo, listo, imbécil, inteligente, idiota) y lo que hay ahora (te guste o bien no te guste) es el resultado de vidas y vidas de evolución de tu ánima. Tu ánima ha recorrido un enorme recorrido para llegar hasta acá. Eres el resultado evolutivo de años y años de tu ánima, y de tus ancestros, y de tu familia de ánimas (que es otra cosa)…

Eres mucho y lo que eres ahora, sea lo que sea y se llame como se llame, que me importa un pimiento, es totalmente trascendental y honrable.

Por el hecho de que la vida entera se ha reunido ahora presente, acá y ahora, para ti y a fin de que la contemples y digas: esto es lo que soy y hasta acá he llegado. Qué grande he de ser para haber hecho este largo recorrido.

A fin de que entonces venga el entrenador de turno y te afirme que jamás hay que conformarse con lo que tienes.

Yo me veré mi árbol, que me estoy aburriendo mucho…

Comprendo que la aceptación, y admitir la realidad… son esenciales, mas ¿ya está?

Lo que deseas decir es si nos pasamos el resto de la vida mirando el árbol, verdad?

Sabía que en algún instante llegaría esta pregunta… 😃

Puesto que te diré una cosa: a niveles profundos, o bien a niveles superiores, que es exactamente lo mismo, mirar un árbol no es menos esencial que trabajar o bien hacer cosas de las llamadas “normales”.

Mas te comprendo.

Yo te diré lo que estimo.

El paso inicial es hacerse siendo consciente de la realidad. ¿Quién soy, de qué manera soy, qué hago, qué tengo acá, de qué forma es el planeta que me circunda, qué siento, qué busco, qué pienso de todo esto…?

El segundo paso es admitirlo. Importante: sea lo que sea. No se juzga, se admite, eres lo que eres por las razones que sea y eso se admite pues, sencillamente, es de esta forma. Insisto, da lo mismo lo que sea: si solo piensas en acostarte con la vecina, lo admites, si buscas a Dios, lo admites, si deseas inflarte a bocadillos de tocino, lo admites, si no me aguantas, lo aceptas… A-cep-tas.

Da lo mismo lo que seas. Carlos Castaneda: el misterio de ser no tiene fin, si bien ser signifique ser una piedra, ser una hormiga o bien ser uno mismo.

Tercero. En vista de esto, visto lo que hay, y habiéndolo admitido, te puedes proponer si, en empleo de tu libre arbitrio, como ser soberano que eres, y desde cierto punto de vista profundo y honesto, no a nivel de ego, deseas mudar en algo tu vida.

Mas siendo una resolución que nazca de en ti, a nivel de ánima.

Y si decides mudar puedes comenzar el proceso de cambio. Y si te lleva a donde deseabas, lo admites. Y si no te lleva, mas te acerca, lo admites. Y si no te lleva a ningún lado y sientes que has perdido el tiempo, lo admites. Y si por el camino te aburres y deseas regresar, pues sientes que es más esencial mirar el árbol, lo admites.

Y ahora puedes imaginarte la conclusión…

Con la aceptación no existe el sufrimiento

Reconozco que esto semeja muy budista, si bien no lo soy…

Mas ciertamente, admitiendo no hay motivo de protesta, lamento o bien sufrimiento. Todo está bien como está.

¿Y qué sucede cuando no hay sufrimiento? Que hay paz.

A mí la paz me semeja fundamental, pues es requisito para lograr la sabiduría, el conocimiento y la iluminación que deseo tener (y que si no tengo admitiré del mismo modo).

Eso me semeja más esencial que todas y cada una de las superaciones y crecimientos a nivel profesional, laboral, económico… que pueda tener.

Mas, Agustín, te pierdes mucho, podrías llegar más lejos…

Y tanto… El planeta es infinito, fíjate lo lejos que podría llegar, jamás acabaría de llegar, siempre y en todo momento estaría llegando y jamás acabaría de llegar. El planeta no tiene fin. Prefiero continuar mirando el árbol.

Conclusión

Esta es mi vida. No es ni buena ni mala, sencillamente es la que tengo.

La admito, si bien en ocasiones no es un camino de rosas, claro, en ocasiones me cuesta más,, soy humano, aún estoy en este cuerpo, mas sea como fuere sobre todo la honro.

Me chifla esa palabra: honrar. Qué bonita es, de qué manera se me deshace en la boca: honrar, honrar, honrar…

Honrar lo que soy y a lo que he llegado. Honrar a mi alcurnia y a mis ancestros que han dado sitio a esto. Honrar a esta ánima, la mía, que tras vidas y vidas ahora se ha transformado en lo que ves… Honrar lo que soy, el misterio de lo que soy, que no tiene fin…

Si me ajusto a mis estimaciones, calculo estos porcentajes:

El ochenta por ciento afirmará que estoy orate de anudar.

El diez por ciento dirá: o bienf… puesto que no sé…

El cinco por ciento dirá: es interesante, vale la pena proponérselo, jamás lo había pensado…

Y el cinco por ciento sobrante va a entrar en el silencio de su ánima, no afirmará nada para no romperlo, se va a quedar abstraído en ese vacío inconmensurable y se va a dejar acariciar por el vislumbre de eternidad al que le ha llevado, no mis palabras, sino más bien su ser.

Estés en el conjunto que estés, me chifla que hayas llegado hasta acá.

Para mí, eres esencial.

Por determinado, el granado es este:

Y si te agrada proseguir leyendo, puedo invitarte a leer estos artículos:

Autoconocimiento: el sitio donde todo comienza.

Los cuatro niveles de creación a través del pensamiento y el lenguaje.

De qué forma lograr un estado de conciencia excelente.

Por último, ¿ compartirías el artículo, por favor? 🙏Me encantaría que bastantes personas pudiesen leerlo (si bien sean del ochenta por ciento ) 😃

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